Los nuevos tipos de museo a comienzos del siglo XXI y la interpretación del patrimonio cultural (I)
Resumen
“¿Quién sabe hoy en día qué es un museo?”, nos preguntaba uno de esos maestros a quienes uno quiere parecerse en ciertas cosas, mientras dábamos cuenta de una horchata al comienzo de este tórrido verano. La sobremesa había ido derivando, con grandes museos y grandes arquitectos por en medio, hacia la pregunta del millón. La gran pregunta para quienes, de una manera u otra, nos dedicamos a la museología y a la divulgación del patrimonio.
“¿Cómo se os ocurre sacar ese tema?”, nos reprochaba con ironía una compañera en el otro extremo del corro de terraza playera, temiendo adónde íbamos a parar, en una tertulia distendida, frente al mar, con el curso acabado y las vacaciones por delante.
¿Qué es un museo, hoy? Corren tiempos agitados para los teóricos –y no menos para los prácticos– de la museología. Es como preguntarle a un filósofo si existe Dios. En todos los manuales se hace mención, cuando no se dedica un capítulo, a la crisis de los museos. La cuestión se percibe generalmente como si se tratara de una repentina cuesta abajo y sin frenos, al final de la cual podría pasar de todo, hasta que nos matáramos.
“¿Cómo se os ocurre sacar ese tema?”, nos reprochaba con ironía una compañera en el otro extremo del corro de terraza playera, temiendo adónde íbamos a parar, en una tertulia distendida, frente al mar, con el curso acabado y las vacaciones por delante.
¿Qué es un museo, hoy? Corren tiempos agitados para los teóricos –y no menos para los prácticos– de la museología. Es como preguntarle a un filósofo si existe Dios. En todos los manuales se hace mención, cuando no se dedica un capítulo, a la crisis de los museos. La cuestión se percibe generalmente como si se tratara de una repentina cuesta abajo y sin frenos, al final de la cual podría pasar de todo, hasta que nos matáramos.